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Historia breve del Ejército Mexicano

El Ejército Mexicano, al servicio del pueblo y la nación.

A lo largo de su historia, México ha tenido sucesivamente tres ejércitos nacionales. El primero surgió a fines de 1821, conformado por las unidades del ejército virreinal que proclamaron el Plan de Iguala, y las tropas revolucionarias insurgentes que se adhirieron a dicho plan. A finales de 1860, este ejército fue disuelto al triunfar el movimiento social de Reforma, por decreto del general Jesús González Ortega, en su carácter de comandante en jefe del Ejército Liberal. El segundo ejército nacional tuvo su orígen en las unidades de tropa que se formaron durante la Revolución de Ayutla y en la Guerra de Tres Años, el cual se robusteció durante la intervención francesa y se consolidó durante el gobierno de Porfirio Díaz, llamándose Ejército Federal, que estuvo conformado por fuerzas militares regulares y por contingentes rurales de la Federación o "irregulares".

A lo largo de esos años, el Ejército se consolidó como una institución de rígida disciplina y espíritu de cuerpo; garante y defensor de las instituciones nacionales.

Finalmente el tercer ejército se originó en noviembre de 1910 al iniciarse la Revolución Mexicana, se consolidó durante la revolución constitucionalista emprendida contra el gobierno usurpador de Victoriano Huerta, y constituyó la base del actual Ejército Mexicano.

El Ejército Constitucionalista estaba conformado, principalmente, por tres columnas que se denominaron División del Norte y Cuerpos de Ejército del Noreste y del Noroeste, al mando de los generales Francisco Villa, Pablo González y Alvaro Obregón, respectivamente, cuerpos que avanzaron hacia el centro de la República librando importantes batallas como las de Santa Rosa y Santa María, en Sonora; los combates de Candela y Monclova, en Coahuila, y las batallas de Torreón, San Pedro de las Colonias, Paredón, Zacatecas, Orendáin y Tampico entre muchas otras, hasta terminar con la rendición incondicional del Ejército Federal, formalizada en los tratados de Teoloyucan, por los cuales se licenció a las tropas militares, sostén del gobierno de Victoriano Huerta.

La vida del nuevo ejército posrevolucionario estaba regida por la Ordenanza General del Ejército, promulgada el 11 de diciembre de 1911 por Francisco I. Madero. La bandera de la legalidad, asumida por las fuerzas revolucionarias, se reconoció el 22 de marzo de 1950, cuando el presidente Miguel Alemán estableció que el día 19 de febrero sería declarado como Día del Ejército Mexicano.



El Ejército, incluida la Fuerza Aérea, sin descuidar su cometido principal de defensor de las instituciones y velar por la soberanía e independencia del país, desarrolla, en colaboración con otras dependencias del Estado, varios Programas de índole social, en los que a menudo participan los conscriptos del Servicio Militar Nacional, cuyas actividades se dirigen a labor social (plantación de árboles, alfabetización, reparto de agua en localidades sin este servicio); auxilio en casos de desastre, ocasionados por fenómenos naturales o accidentes; campañas contra enervantes, despistolización, combate al abigeato y patrullaje de carreteras nacionales, vacunación y brigadas interdisciplinarias de acción social.